dilluns, 22 de gener de 2018

Cataluña/ España: un viejo conflicto, nada nuevo

Ejecución de Padilla, Bravo y Maldonado
No pretendo hacer un post exhaustivo sobre la historia del conflicto catalán, ni siquiera hablar sólo sobre Cataluña, sino apuntar brevemente las antiguas raíces del eterno problema territorial español.
Preparando una de mis clases he viajado al siglo XVI, a la Castilla de 1520, la época de la revuelta de los Comuneros que terminó con la ejecución de tres cabecillas, Padilla, Bravo y Maldonado, muy conocidos entre los movimientos castellanistas y por la historiografía española en general.

Fue una revuelta urbana contra el mal gobierno de Carlos I (Carlos V de Alemania), a raíz de la supeditación de los intereses de Castilla a la política imperial que geopolíticamente no coincidía con los intereses castellanos.

Fijémonos que hablamos de los intereses castellanos, no españoles. Es lo que interesa de cara al post. Castilla era el reino más importante de la península, por peso demográfico y económico, con instituciones propias, particulares, al igual que el resto de reinos: Aragón, Navarra, Galicia... Es decir, una monarquía compuesta, no centralizada, que compartía rey pero sin lo que hoy consideraríamos un gobierno central. Hubo tensíón entre el afán centralizador del monarca y los territorios, y en este caso debemos abandonar la idea de la indentificación de Castilla con la monarquía, al contrario, el conflicto, en una época de crisis económica, estalló contra el rey.

A pesar de la derrota comunera, como tendencia de largo alcance triunfó lo que podríamos denominar foralismo. La monarquía hispánica no fue suficientemente fuerte para imponer un sistema de estilo francés. Es el triunfo de la España asimétrica, un concepto recuperado en el siglo XXI por los federalistas catalanes y defendido especialmente por Paqual Maragall.

Jamás la monarquía hispánica fue un todo uniforme y unificado. Cada reino tenía sus instituciones propias y debían ser respetadas por los monarcas, consultadas.

Felipe II hereda Portugal en el siglo XVI (1580) pero 60 años después (1640) este territorio se independiza y estalla la Guerra de Cataluña (guerra dels Segadors), una revuelta contra los abusos del ejército mercenario real.

Como vemos, y esto es sólo un pequeño apunte para que tengamos perspectiva histórica, el conflicto territorial, ahora muy vivo por el tema de Cataluña, no es nuevo, y las pulsiones centralistas jamás han conseguido acabar con la asimetría o las particularidades. Tampoco en el siglo XIX, momento de la articulación de los estados nacionales modernos (ahora en crisis), estas pulsiones consiguen que el peso del estado acabe con las diversidades. Parece mentira, viendo la historia, como todavía hay gobernantes actuales que se empecinan en construir una España de matriz única, chocando como quijotes estúpidos contra las realidades. 

Incluso la Castilla asociada a la idea imperial, en el siglo XVI se rebeló contra el rey, un rey extranjero, naturalmente. Quizás, de haber ganado la menestralía aquella batalla, una incipiente burgesía téxtil castellana hubiera crecido y modernizado antiguas estructuras y concepciones, y la historia de España hubiese sido muy distinta. 

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